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ME GUSTAN LÁS HISTORIAS

En ellas encuentro un camino directo a nuestro mundo interior: contamos lo que nos importa.

Sobre todas las cosas, me gustan las historias. Escucharlas y contarlas. En ellas encuentro un camino directo a los anhelos profundos, a los recuerdos trascendentales, a nuestro mundo interior: contamos lo que nos importa.

Voy a contarte una historia

Cuando mi papá murió, nos fuimos a vivir con mis abuelos de parte de mamá. Era una casa grande, con varias habitaciones.  Mi abuela siempre estaba mimándola: un florero por allí, unas velas por aquí, la mesa bien servida. Se pasaba los días consintiendo los espacios, embelleciendo la vida.

En ese entonces, yo compartía cuarto con mi hermana y mi único deseo era tener mi propio lugar. Cuando por fin lo tuve, tal vez sin mucha conciencia, calqué el oficio de mi abuela: decoré esa habitación, vacié mi personalidad en ella, me preocupé por habitarla a mi manera.

Recuerdo que esa sensación (la de habitar, la de pertenecer, la de corresponder) me hizo inmensamente feliz y, al mismo tiempo, me estaba revelando mi camino. Fue mi abuela mi guía, pero fui yo la que me armé un sitio.  Fue mi abuela mi faro, pero fui yo quien encontré la esencia.

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Para que sepas un poco que este oficio que elegí (el de diseñadora de interiores) pertenece al fondo de lo que soy.

Te cuento esta historia por dos razones:

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Es regresar al inicio: me gustan las historias. En ese sentido, resueno más con el verbo narrar que con diseñar.

Image by Augustine Wong

CUANDO HABITAS tu versión más autentica, TODO CAMBIA